Antes de ser un destino de mercado inmobiliario pujante, Florianópolis fue un archipiélago de historias contadas en la veranda, al final de la tarde, cuando el viento sur entraba por la Isla. Brujas que danzaban sobre las piedras, una cobra de fuego que recorría los campos, curanderas que curaban con rezo y té. Fue ese repertorio el que le dio a la ciudad el apodo que hoy aparece en postal: «Isla de la Magia».
Esta guía reúne las principales leyendas de Florianópolis y, lo más importante, explica de dónde provienen. Nada aquí afirma que las brujas existan. Lo que se afirma es otra cosa, y más interesante: estas historias existen como tradición cultural, fueron traídas por inmigrantes azorianos en el siglo XVIII y documentadas con rigor por uno de los mayores investigadores de la ciudad.
Esta guía recorre el origen azoriano de ese imaginario, las leyendas más conocidas, los lugares donde aún pueden ser «visitadas» en la Isla y la relectura contemporánea que cambia la bruja demonizada por la curandera silenciada. Es la Florianópolis que no cabe en el anuncio inmobiliario, y que quizás explique mejor por qué tanta gente se apega a esta ciudad.
De dónde provienen las leyendas: la herencia azoriana
Las leyendas de Florianópolis no nacieron en la Isla. Atravesaron el Atlántico.
A partir de mediados del siglo XVIII, parejas provenientes de los archipiélagos de Azores y Madeira desembarcaron en la entonces Isla de Santa Catarina, incentivadas por la Corona portuguesa a poblar el litoral sur. Llegaron hacia 1750, cuando la Inquisición aún funcionaba en Europa y la creencia en brujas era parte común de la vida cotidiana de cualquier aldea portuguesa.
En el equipaje inmaterial vinieron los mitos: las brujas, el boitatá, el lobizón, las almas en pena. A lo largo de generaciones, ese imaginario se mezcló con el paisaje local —las playas, los acantilados, los ingenios de harina— y ganó dirección en la Isla.
Es importante separar dos cosas. La llegada de los azorianos fue una inmigración de colonos que fundaron parroquias y trajeron una cultura propia, del boi-de-mancarra al encaje de bolillos. Las leyendas son un capítulo de esa cultura, no folclore inventado para turistas. Cuando se lee «leyenda» en esta guía, el sentido es «documento de un modo de ver el mundo», la inmigración azoriana es un hecho histórico registrado; lo sobrenatural que la leyenda describe sigue siendo folclore.
Las brujas y el baile de Itaguaçu
La leyenda más asociada a la ciudad es la de las brujas, y tiene un escenario famoso: la playa de Itaguaçu, en el continente.
Cuenta la tradición que las brujas de la región quisieron organizar un baile a la altura de la alta sociedad, y eligieron Itaguaçu como escenario. Fueron invitados lobizones, mulas-sin-cabeza y mitos indígenas como el curupira y el boitatá. Solo uno no fue llamado: el diablo, por causa del olor a azufre y las exigencias que hacía. Ofendido, habría surgido en medio de la fiesta y petrificado a todos los presentes. Las grandes piedras que aún hoy afloran en las aguas de Itaguaçu serían ese baile congelado.
La historia dejó de ser solo oral. En 2014, las piedras de Itaguaçu (el llamado «Salón de Fiestas de las Brujas») fueron reconocidas como patrimonio natural, paisajístico y cultural del municipio. La leyenda se convirtió, oficialmente, en parte del territorio.
Ese es el mecanismo de las leyendas de Florianópolis: una explicación poética para un accidente geográfico. La piedra existe; la bruja es la forma que la comunidad encontró de contar la piedra.
El boitatá y otras asombraciones de la Isla
No toda leyenda es brujería. El panteón de la Isla es más amplio.
El boitatá es una cobra de fuego, mito de raíz indígena que se fusionó con el repertorio azoriano. En la tradición, protege los campos y asusta a quien quema el monte sin razón. De noche, sería visto como un haz luminoso corriendo rasante al suelo.
Circulan también el lobizón, el séptimo hijo varón que se transformaría en las noches de luna; la mula-sin-cabeza; y las almas en pena ligadas a caserones antiguos e historias de tesoros enterrados por antiguos residentes. Muchas de esas asombraciones aparecen pegadas a lugares reales (un acantilado, un sendero, una casa de esquina), lo que ayuda a la leyenda a sobrevivir: mientras el lugar esté allí, la historia tiene dónde vivir.
El punto honesto es siempre el mismo: son narrativas. Su valor reside en ser un retrato de miedos, valores y la forma en que una comunidad explica su propia tierra.
Franklin Cascaes: quién salvó las leyendas del olvido
Gran parte de lo que hoy se conoce sobre las leyendas de Florianópolis llegó hasta aquí por causa de un hombre: Franklin Cascaes.
Nacido en 1908 en el barrio de Itaguaçu y fallecido en 1983, Cascaes fue profesor, artista, ceramista e investigador. Durante cerca de 30 años, recorrió la Isla escuchando pescadores, tejedoras de encaje y agricultores, anotando las historias que corrían de boca en boca antes de que la urbanización las borrara.
El resultado es un acervo enorme: miles de piezas en cerámica, cientos de dibujos en tinta china y a lápiz, además de textos, cuentos y crónicas. Brujas, boitatás y la vida cotidiana azoriana son los temas recurrentes, casi siempre con una capa de crítica social y religiosidad por debajo de lo fantástico. Parte de este conjunto está bajo la custodia de la Universidad Federal de Santa Catarina.
Sin Cascaes, muchas de estas leyendas se habrían perdido con la generación que las contaba. Es por eso que se puede hablar de ellas como hecho etnográfico: existen registradas, fechadas y atribuidas como memoria documentada de una cultura.
De las brujas a las curanderas: una relectura necesaria
Hay una lectura contemporánea de las leyendas de bruja que vale la pena conocer, porque cambia el sentido de la historia.
¿Quiénes eran, en la vida real, las mujeres llamadas brujas? En buenos casos, curanderas, parteras, sanadoras, mujeres que dominaban hierbas, rezos y el cuidado del cuerpo, o simplemente mujeres que vivían fuera del patrón esperado. En un tiempo de Inquisición y fuerte control religioso, ese saber femenino era visto con desconfianza y fácilmente etiquetado de brujería.
Investigadoras y medios como el Portal Catarinas han propuesto leer la «bruja» de las leyendas como esa figura silenciada: la mujer de conocimiento que fue estigmatizada. La leyenda, en esta clave, guarda también la memoria de una persecución.
Y no es pasado cerrado. En comunidades tradicionales de la Isla, como Lagoa da Conceição, Ribeirão da Ilha y Rio Vermelho, curanderas siguen en actividad, manteniendo la práctica viva. Vista así, la magia de la Isla es sobre todo saber popular que resistió el tiempo.
Dónde sentir ese imaginario hoy
Las leyendas no quedaron en los libros. Tienen dirección en la ciudad, y se pueden incorporar a un itinerario.
- Piedras de Itaguaçu, en el continente: el «baile» petrificado, hoy patrimonio municipal, es un mirador y un punto de lectura de la leyenda en el propio lugar.
- Acervo de Franklin Cascaes, en la UFSC: cerámicas y dibujos que le dan rostro a las brujas y al boitatá.
- Parroquias históricas como Ribeirão da Ilha y Santo Antônio de Lisboa: arquitectura azoriana, ingenios y el ambiente donde estas historias nacieron.
Para quien quiera cruzar esa capa cultural con la agenda viva de la ciudad, vale acompañar la agenda cultural de Florianópolis, que trae teatro, exposiciones y eventos ligados a la memoria de la Isla. Y, para entender cómo historia y territorio se encuentran, la historia de la Puente Hercílio Luz muestra otro símbolo que se convirtió en identidad.
Preguntas frecuentes
¿Por qué Florianópolis es llamada de «Isla de la Magia»?
El apodo viene justamente de las leyendas de brujas y del imaginario azoriano traído en el siglo XVIII. Las historias de brujas eran tan difundidas que pasaron a definir la fama de la ciudad. Con el tiempo, el marketing turístico adoptó la expresión «Isla de la Magia», que hoy es usada para referirse a la capital.
¿Las leyendas de Florianópolis son verdaderas?
Las leyendas existen como tradición cultural, eso es un hecho. Lo que ellas narran, sin embargo, no es presentado como verdad histórica o sobrenatural comprobada. Son narrativas populares, transmitidas oralmente y luego documentadas, que expresan la visión de mundo de los azorianos y de sus descendientes en la Isla.
¿Quién fue Franklin Cascaes?
Franklin Cascaes (1908–1983) fue profesor, artista e investigador nacido en Florianópolis. Durante cerca de tres décadas, recopiló testimonios sobre brujas, boitatás y la vida cotidiana azoriana, produciendo un acervo con miles de piezas en cerámica, dibujos y textos. Es considerado el principal responsable de preservar las leyendas de la Isla del olvido.
¿Cuál es la leyenda de la playa de Itaguaçu?
Según la tradición, brujas organizaron un baile en Itaguaçu y no invitaron al diablo, que, ofendido, habría transformado a todos los presentes en piedra. Las grandes rocas en las aguas de la playa representarían ese baile petrificado. Las piedras fueron reconocidas como patrimonio natural, paisajístico y cultural del municipio en 2014.
¿Las brujas de las leyendas tenían relación con mujeres reales?
Una lectura contemporánea asocia la figura de la bruja a las curanderas, parteras y sanadoras, mujeres detentoras de saberes populares que, en un contexto de fuerte control religioso, eran estigmatizadas. En esta interpretación, la leyenda también preserva la memoria de esas mujeres silenciadas. En barrios como Lagoa da Conceição y Ribeirão da Ilha, curanderas siguen en actividad.
Conocer la Isla por dentro
Las leyendas de Florianópolis no son un detalle pintoresco. Son parte de cómo la Isla se formó, al lado del mercado y del paisaje está la memoria que vino de Azores y se quedó. Quien conoce esa capa entiende los barrios por un criterio más allá del precio por metro cuadrado.
En Regente Imóveis, esa lectura de territorio forma parte de la curación: conocemos los barrios por la historia, no solo por el precio. Si usted está pensando en vivir en Florianópolis y quiere conocer la Isla por dentro, entre las parroquias azorianas, los senderos y las historias que aún se cuentan, es sobre eso que nos gusta conversar.
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